6 de agosto de 2017

133ª noche - ¿Ves bien los colores?


¿Qué números aparecen en los círculos?
La explicación, al pie de la página.  
 
 
 
Dos mapas de Ishihara.

Arriba: la persona normal lee 74 mientras que la persona con ceguera de colores lee 21
 

Abajo: la persona con ceguera al rojo lee 2 mientras que la persona con ceguera al verde lee 4. La persona normal lee 42.
 
 
(Ishihara, Test for Colour Blindness, Tokyo, Kanehara and Co.)

 

10 de julio de 2017

132ª noche - El tío de los muertos

 


El tío de los muertos es un viejo conocido desde los años sesenta del siglo pasado, cuando se pasaba por casa para cobrar el recibo del seguro de entierro. "Santa Lucía decía mi madre—. Ya está aquí el de los muertos". Y le pagaba las pesetas que costaba mensualmente el seguro para que, en caso de defunción, cada uno de nosotros pudiera ser enterrado. Y es que eso del entierro era caro. Como el dentista y el notario, algo al alcance sólo de las personas pudientes. Y así, pagado mes a mes, se notaba menos. Después, cuando llegaba el momento del "siniestro", la compañía ponía el coche fúnebre, el de acompañamiento y las flores según la categoría correspondiente a la prima que se eligió. Yo, que ya no era tan pequeño, me preguntaba qué pasaría a la gente que no tuviera seguro. Y los mayores me decían que, aparte los ricos que se pueden permitir cualquier cosa, los demás tendrían  un entierro miserable, poco menos que echarlos a patadas de este mundo, en ataúdes como cajas de huevos. Por eso la gente de bien se procuraba un seguro con instinto de protección, que no era bueno ser la comidilla del barrio en estas cosas. Y como la muerte ronda siempre a todo el mundo y la edad no pone a nadie a salvo, también a mí, con mis catorce años recién cumplidos, me aseguraron el entierro en una categoría intermedia, ni mucho ni poco. Ni Seat 1500 gris, pero tampoco Cadillac negro.
 


He tenido la fortuna de no haber hecho uso del seguro todavía, después de cincuenta años de pago mensual de las cuotas. A precio actual, 13 euros al mes, durante 50 años = 7.800 euros, cualquiera diría que ése es un dinero que he capitalizado para mi entierro, que ya casi me estaría alcanzando para uno a la federica.  Pero he aquí que hace un par de años reparé en una carta de la aseguradora que me comunicaba un aumento sustancial de la cuota, en consonancia con el aumento del coste de los servicios funerarios en mi ciudad. Y que, si no pagaba, se anulaba la póliza sin más; todo perdido. Nada de capitalización. Esa prepotencia se me atragantó.
 


En primer lugar, el seguro de entierro no es un seguro propiamente dicho, porque el siniestro se va a producir antes o después con toda certeza. Se parece más a un fondo de pensiones que a un seguro, pues se orienta a un hecho que con toda probabilidad se va a cumplir: la defunción y el entierro. Si alguien se asegura contra incendio, o accidente de tráfico, probablemente ni una ni otra cosa se produzcan y una vez pasado el periodo que cubre cada prima, se liquida el asunto y listo; o se renueva. Pero si se asegura el entierro, tenga usted por cierto que llegará el momento en que el hecho se producirá. Las excepciones son escasísimas: incidente en el que no se pueda recuperar el cadáver (en los accidentes aéreos o marítimos suele pasar), arrebatamiento a los Cielos como el profeta Daniel, ascensión tras el tránsito como la Virgen... en general, muy pocas. Entonces ¿por qué se plantea como un seguro algo que debería ser una capitalización? ¿Por qué después de haber pagado durante cincuenta años un seguro de entierro, sin duda  mucho más de lo que el entierro vale, se me advierte de que el impago de cualquier cuota me dejará sin derecho alguno? ¿Por qué después de haber pagado mi entierro durante cincuenta años, en lugar de decirme: "Mire, usted ya ha pagado de sobra su entierro, ya no es necesario que pague más", o "Le vamos a reducir la cuota", en lugar de eso me dicen "Le subimos la cuota porque ha subido todo, y si no paga va a enterrarle Rita, la que canta, que nosotros no". Auténtico instinto de protección.
 


Eso me irritó, como decía antes, cuando hace un par de años caí en esa cuenta. Miré entonces con curiosidad qué me esperaba cuando, frío y callado, no pudiera darme cuenta de nada. "Cien recordatorios a cuatro colores con oración a elegir, libro de condolencias, dos coches negros —uno para el cadáver y otro para el acompañamiento—, unas cuantas flores, alquiler de nicho o cremación, sala de esto, sala de lo otro, preparación del despojo para evitar sorpresas desagradables (Loctite por aquí, Loctite por allá), algún padrenuestro... y todo eso me resultó desagradable y excesivo. Como están los tiempos, yo sólo quisiera desaparecer con el menor ruido posible. Llamé a la aseguradora y les exigí que no volvieran a subirme ni un céntimo la prima. No la anulé por consideración a los familiares que me sobrevivan, pero ganas me dieron. Les costó aceptar mis condiciones, pero finalmente pasó una agente por casa para que firmara mi renuncia a la actualización anual. Como yo no podré verlo, me perderé el show en el que la misma agente tratará de tomar el pelo a mis deudos esgrimiendo ese documento que firmé aquella tarde. Pero ojos que no ven... Esa batalla la tengo ganada porque a mí me va a dar todo absolutamente igual. Si tengo ocasión, les dejaré dicho: "No soltéis ni un duro".
 
Y en segundo lugar, algo que es más importante: ¿Sabéis por qué los entierros son tan caros, que parece que sólo se puedan morir los ricos? ¿No lo sabéis? Pero si es muy fácil: PORQUE PAGAMOS SEGUROS DE ENTIERRO. Si no tuviéramos ese seguro, cuando se muriera un familiar y vinieran del ayuntamiento o de donde  sea que vengan esos buitres a cobrar por enterrar el fiambre, los echaríamos de la casa a collejas. ¿De dónde sacar tres o cuatro mil euros, cuando en España se vive al día y con lo justo? Pero, claro, como se ha pagado el seguro mes a mes... Una familia de tres personas ¿cuánto paga? Cerca de 50 euros, ¿no? No está al alcance de cualquier mileurista. Y de un 426eurista, menos. Quizá se olvidó la Constitución de darnos el derecho, además de a una vivienda y a un trabajo dignos, a un entierro digno y gratuito. Porque somos una sociedad moderna, con principios, no carroñera, y la muerte ya es bastante desgracia como para que vengan a sacarnos los cuartos en ese trance, aprovechando que estamos en horas bajas, con urgencia y cierto despiste. Que no estamos en el Antiguo Egipto, ni el abuelo es faraón, ni el triste nicho es una pirámide. Ten una cosa bien clara: con seguro o no, en casa no te van a dejar. Si no lo pagáis como si lo pagáis, os echarán tierra encima, que debajo no os va a faltar. ¿Qué sucede con toda esa gente de aquí y de allá, cada vez más, que no paga ni el seguro ni el entierro? ¿Pensáis que se pudren en casa?
 
 
© Fernando Hidalgo Cutillas - Barcelona 2017

2 de julio de 2017

4 de junio de 2017

130ª noche - Cosas de familia

El abuelo tenía un reloj de bolsillo. No un reloj cualquiera: era de oro, con dos tapas gruesas bien labradas que se abrían presionando una pestaña a cada lado: en la de delante, un grueso relieve de una escena de campo; en la posterior, un esmalte de tonos rojizos en forma de mariposa con unos pequeños diamantes incrustados en las puntas de las alas.

Desde que el hombre se puso enfermo apenas salía de casa, pero cada día sacaba el reloj del cajón de la mesilla donde lo guardaba para darle cuerda. Si algo no se usa, acaba estropeándose, decía. Lo verdaderamente especial en aquel reloj era la sonería. Un delicado tintineo daba las horas y las medias como un reloj de pared, pero mucho más suave.

Cuando yo contaba nueve años, aquel maravilloso artefacto me hacía alucinar. A menudo me llamaba el abuelo antes de darle cuerda, faltando pocos minutos para mediodía. A las doce en punto: tin, tin, tin… La campanita me parecía tan hermosa como la que debe sonar a las puertas del Cielo cuando llaman los santos. Nunca me dejó darle cuerda, ni siquiera sostenerlo en las manos; decía que yo era demasiado pequeño y podría romperlo. Entonces me entristecía y él me consolaba: «Cuando yo falte, este reloj será tuyo». Y así empecé a desear que el abuelo faltara.

El reloj era muy antiguo, a pesar de lo cual funcionaba como el primer día. Por entonces me contó el abuelo que había pertenecido a su abuelo Fausto, el que fuera maestro nacional y más tarde alcalde del pueblo de origen de esa rama de nuestra familia. Fue quien lo compró, en la joyería de más postín de la ciudad de Cáceres. Y desde don Fausto la máquina había pasado de padre a hijo ya en dos ocasiones. Al saberlo, quise asegurarme de que el abuelo me daría el reloj a mí, y no a papá. Su respuesta me decepcionó: «Las cosas de familia pasan de padres a hijos». Le recriminé que me hubiera engañado con falsas promesas, por lo que añadió: «No te he engañado, niño, el reloj será tuyo cuando yo falte… y tu padre también». Y así empecé a desear que mi padre también faltara.

En las vacaciones de aquel verano entraron ladrones a la casa y una de las cosas que robaron fue el reloj. Jamás lo recuperamos. Mi disgusto fue largo y espantoso, pero con el tiempo he llegado a alegrarme de que aquel reloj desapareciera. Mi hijo, igual que yo hice, tendrá que comprarse sus propios relojes.


© Fernando Hidalgo Cutillas - Barcelona 2017

30 de mayo de 2017

129ª noche - El experimento del profesor de Economía

Tengo entendido que esta anécdota se atribuye a Winston Churchill.
 
"Un profesor suspende a la totalidad de la clase".
 
En una universidad americana, un profesor de economía decía que nunca había suspendido a un solo alumno, hasta que una vez suspendió a toda la clase.
 
Esa clase en particular, había insistido en que el socialismo realmente funcionaba: con un gobierno asistencial intermediando en la riqueza, nadie sería pobre y nadie sería rico, todo sería igual y justo.

Entonces, el profesor les dijo:
 
 "Ok, vamos a hacer un experimento socialista en esta clase.  En vez de dinero, usaremos sus notas, las que obtengan de las pruebas.  Todas las notas serán concedidas con base a la media de la clase y por tanto serán 'justas'.  Todos recibirán las mismas notas, lo que en teoría, significa que nadie será suspendido, así como también que nadie recibirá un 10".
 
Tras la primera prueba, el profesor calculó la media y todos recibieron un "7".
De esta forma, quienes estudiaron con dedicación quedaron indignados; pero los alumnos que no se esforzaron, quedaron muy felices con el resultado.
 
Tras la aplicación de la segunda prueba, los estudiantes flojos estudiaron mucho menos (ellos esperaban sacar notas buenas de cualquier forma); y los que al inicio habían estudiado mucho, decidieron que ellos también aprovecharían el tratamiento propuesto para sus notas.
Como resultado, la media de la segunda prueba fue de "4".
Por supuesto, a nadie le gustó...
 
Después de la tercera prueba, la media general fue de "1".
Si bien, las notas no volvieron a niveles más altos, surgieron los desacuerdos entre los estudiantes y la búsqueda de culpables llevó a malas palabras, que pasaron a ser parte de la atmósfera de la sala de aquella clase.
La búsqueda de "justicia" entre los estudiantes, había sido la causa principal de las quejas, mientras que el odio y el sentido de injusticia se convirtieron en parte común de ese grupo.
 
Al final de todo, nadie quería estudiar más para beneficiar al resto de los estudiantes del curso....
Por tanto, todos los alumnos repetirían aquella materia...
 
Para su gran sorpresa, el profesor explicó:
 
 "El experimento socialista fracasó, porque cuando la recompensa es grande, el esfuerzo por el éxito individual es grande; pero, cuando el gobierno quita todas las recompensas, tomando los logros de otros para darlos a los que no se esforzaron por ellos, entonces nadie más va querer hacer su mejor esfuerzo".
 
1. No se puede llevar al más pobre a la prosperidad, quitando la prosperidad del más rico.
 
2. Para cada uno que recibe sin haber tenido que trabajar, hay una persona trabajando sin recibir. Y esto no va por jubilados o pensionistas, que ellos han trabajado y cubierto su parte. Pero sí por los free riders.
 
3. El gobierno no consigue dar nada a nadie, sin que para ello tenga que quitar algo a otra persona.
 
4. Al contrario de lo que predica el socialismo, es imposible multiplicar la riqueza intentando dividirla.
 
5. Cuando la mitad de la población entiende la idea de que no necesita trabajar, entonces la otra mitad entiende que no vale la pena trabajar para sustentar a la primera mitad.

 En ese momento llegamos al comienzo del fin de una nación.
 
Winston Churchill

25 de mayo de 2017

128ª noche - K-22 Agente Secreto

  Los tebeos de aventuras extraordinarias, como las de El capitán Trueno, El Jabato, El guerrero del antifaz, etc. coexistieron con otras publicaciones que trataban guerras recientes desde un enfoque más realista. La más famosa, Hazañas Bélicas, tuvo una amplísima distribución en los años 50 y 60 del siglo pasado.
  Pero no sólo Hazañas Bélicas; hubo una multitud de publicaciones en general de escasa difusión que abordaron este tema. Una de ellas, K-22 Agente Secreto, sólamente publicó 10 números, en 1966. Aquí tenéis el número 2 competo en PDF. Una rareza, para nostálgicos. Espero que os guste.
 
 

19 de mayo de 2017

127ª noche - ¿Os acordáis de El Capitán Trueno?

Aquí os dejo el número 88 de la colección El capitán Trueno Extra. Está completo, en PDF.
De 18 septiembre 1961. Los que lo leímos con 8 años, tenemos ahora 64. Como siempre, descargadlo pulsando la imagen.

17 de abril de 2017

126ª noche - Soy de los que...

En las construcciones UNO DE LOS QUE, SOY DE LOS QUE, ES DE LOS QUE... se hace referencia a un elemento que se incluye en un grupo por coincidir en lo que se dice a continuación. Por ejemplo:

Juan es de los que ...

Y a continuación se cita la característica que define al grupo con el que coincide Juan.

-los que tocan el piano

-los que aborrecen la verdura

-los que cantan en la ducha, etc.

Sería absurdo decir:

-los que toca el piano

-los que aborrece la verdura. etc.

Porque "los que" es un plural relativo (los cuales) y el verbo, por lógica y norma, ha de ir en plural y en tercera persona.



Sin embargo leo y oigo por todas partes frases como "Yo también soy de las que se entrega" (LaVanguardia), "Yo soy de los que piensa" (EP), etc.

Consulto la web de la RAE y leo con desconsuelo:



... pero se admite la concordancia en singular. Pero ¿qué clase de concordancia ve y admite la RAE en este caso? ¿Qué concordancia hay entre un sujeto plural y verbo en singular más que la concesión al mal uso?

Consulto Fundéu y, como es de esperar y no puede ser de otro modo, sigue a la RAE.



 Y aún va más lejos dando una explicación ABSURDA (... por entenderse que se está omitiendo uno como sujeto (yo soy [uno] de los que cree...)). ¡Qué tendrá que ver que se omita uno o no! ¿Acaso cambia algo?

En fin, que, por mucho que la RAE lo tolere y Fundéu lo justifique, decir "Soy de los que piensa", "Luis es uno de los que llegó", "Susana es de las que come" es carente de lógica y en mi opinión debería evitarse. Es un indicio de que los cimientos de la lógica del lenguaje de quien así lo usa no son muy sólidos.

13 de marzo de 2017

125ª noche - La tormenta perfecta

Estamos en la "tormenta perfecta".
 
 
a) Los políticos llevan toda la vida robando porque así es como funciona la política desde siempre en este país. ¿Para qué, si no, ser político? Y no sólo los políticos; aquí ha distraído todo el que ha podido: el oficinista que se lleva papel y bolígrafos; el del parque móvil que llena su depósito particular por la cara; el del hospital, que no le falta en casa de nada; el jefe de compras que recibe su regalito con cada encargo que hace... Y hablo de "los que no roban". Que los que roban se llevan los ordenadores, venden la gasolina por bidones, compran lo que no se necesita, por la comisión y se llenan directamente los bolsillos. Quizá mantenemos los genes de nuestros ancestros recolectores, antes de la agricultura; unos más que otros. Yo, que ya tengo una edad, a lo largo de mi vida he visto sin tapujos dos constantes:
  • Se llega a la política para hacer negocio.
  • Se evita pagar impuestos si se puede. Andorra ha sido desde hace décadas el "patio de atrás" de cualquiera que en Cataluña se ganara un poco bien la vida. La clase media iba a comprar barato pero otros iban a dejar allí el grano de mostaza.  
 
 
b) El deterioro social es evidente. Muchos jóvenes ni estudian ni trabajan, ya como modus vivendi, ni siquiera los que dicen que estudian o dicen que trabajan. Hay una alienación colectiva aprendida en los reallities de la TV, de los que últimamente se han contagiado los espacios de noticias y tertulia política. Los sucesos de la vida y de la política se viven como reallities en los que la gente opina o "vota" como simple espectadora, como si la cosa no fuera con ellos. Se forma una opinión superficial, irreflexiva, irracional a veces, la que sea más guay... En temas como la inmigración (¿quitamos las alambradas de Ceuta y Melilla, de verdad?, ¿que entren todos, de verdad?), la independencia en Cataluña (¿queremos de verdad un enfrentamiento entre la gente, entre grupos armados quizá, queremos una situación excepcional, un freno al país que perjudicará a todos —nadie va a preguntar si eres separatista— durante un quizá largo tiempo? Pero la gente no ve eso, sólo ve el reallity show de Mas & cols. y deja que salga su emoción más emotiva. Y si no tienes emoción emotiva, te callas. Como si no fuera contigo.
 
 
c) Los que están arriba van de otro palo. Podrían coleccionar sellos, o cromos, o vello púbico como el marqués de Leguineche, pero coleccionan billetes de curso legal, a ser posible de 500 euros o más. No porque les haga falta; es como un tic nervioso. Y como para conseguirlos han de robar y robar y robar, pues roban. Medran desde la política, desde las empresas, los auditorios, los entes públicos, las cajas de ahorros hasta que las arruinaron, de allí donde haya... Desde la crisis esto está mal visto, antes nadie se preocupaba, ¡pero si todos lo hacían! ¿Cuánto tiempo lleva Felipe González en las eléctricas? ¿Y cuánto tiempo hace que Narcís Serra vació Caixa Catalunya? Y nadie decía nada. Qué mala es la crisis...  Ahora toca darles aire a estos hechos en la prensa, es parte del reallity. ¿Prensa responsable que informa? No, no, claro que no. Se hace por la pasta. Nada pone más a la prensa que una mala noticia, cuanto más mala y mediática, mejor. Si no es mala, la hacen mala. La publicidad acabará con la civilización. La de pasta que ganaron con el 11$. Y el 11M,  y un largo etc.  Sabiendo quién es el fulano de la pantalla ya sabes lo que va a decir, porque cada uno tiene su pesebre y su abrevadero.
 
 
d) La gente que no da un perfil "tele5" y que el reallity no es su estilo se queda callada en medio de este desbarajuste de pasiones pardas, y con la boca abierta. ¿Que entrar a una iglesia durante la oración con los pechos al aire no ofende a nadie?, ¡oh! ¿Que el Parlament está al borde del precipicio y sigue corriendo?, ¡oh! ¿Que la presunción de inocencia no existe para un hombre que es acusado de agresión sin pruebas por una mujer? ¡¡Oohh!! ¿Que en las escuelas españolas, las mismas de donde se arrancaron los crucifijos, será obligatoria ahora la enseñanza del islam a niños musulmanes?, ¡madrassas en España! ¡¡¡¡Oooohhhhh!!!
 
 
e) Por si acaso y si a pesar del punto anterior a alguien de la mayoría callada se le ocurre abrir la boca, los del reallity tienen una buena batería de insultos (facha, xenófobo, homófobo, machista, botifler, sin olvidar el tan socorrido cabrón hijo de puta, etc.) siempre preparados, que desaniman, y más aún, podrían tener influencia para que perdieras tu trabajo o tu negocio. Linchamientos morales llevados a cabo por los "brazos armados" de cada uno de los grupos "progres".
 
 
Es, pues, la tormenta perfecta: lo que no se hace por dinero, se hace por envidia. Lo que no por envidia, por estupidez. Lo que no por estupidez, por odio o por soberbia. Y lo que no por odio ni soberbia, porque lo hace tu novia, o tu amigo, o quizá también por dinero. O por todo a la vez. Unos puntos se suman a los otros y estamos en la cresta de la ola perfecta en la tormenta perfecta.
Sin olvidar la paranoia colectiva: ¿La alcaldesa de París apoya a Pedro Sánchez porque no conoce bien la política española, porque realmente está de su lado, o dentro de una estrategia del PSOE para que Sánchez arranque votos a Podemos? Y en el fondo de todo, una gran frustración porque la Justicia no se esté cumpliendo en tantos casos, por ejemplo el "Video del Odio" de la TV vasca. ¿Quién está detrás de este desgobierno? ¿El PP? Yo no salgo de mi asombro.
 
 
Estar callados, al final nos va a salir carísimo.

6 de enero de 2017

124ª noche - La noche de los casados


   Desde el verano, Dito había resuelto que pediría la nueva Play a los Reyes Magos. Su padre pensaba que aún era muy pequeño para ese juego tan caro y que no estaban los tiempos para tirar el dinero, pero la madre argumentaba que algunos amiguitos de su edad también la tendrían y que su hijo no iba a ser menos que los otros. Cuando la hubiera visto todo el mundo ya la guardarían, si fuera cierto que Dito no tenía aún edad para manejarla.
   El primer domingo de diciembre la familia fue a ver a Teresa, la abuela paterna, que vivía sola desde que quedó viuda tres años atrás. No eran frecuentes las visitas y Dito no tenía con ella mucha confianza. Vivía en un barrio modesto donde la mayoría de los vecinos eran obreros ya jubilados, igual que fue el abuelo; era un pisito muy sencillo. Las paredes algo desconchadas y el aspecto lóbrego de la casa daban cierta repugnancia al pequeño, acostumbrado a las comodidades del apartamento en que vivía, reparo que sus padres trataban de vencer incitándolo a aceptar la merienda que la abuela le ofreció.
   —Cómete los dulces, que después tendrás hambre y aún tardaremos en volver a casa —decía la madre con cierto deje de superioridad.
   Dito se sentó frente al televisor para merendar con intención de ver los dibujos mientras los mayores hablaban.
   —¡Ay, cariño!, que lo siento, pero se ha estropeado —lamentó la abuela, apenada de veras—. Hace dos semanas que no funciona, he de avisar para que lo arreglen, pero... —Sonrió, levantó las cejas y extendió las manos—. Te traeré unos tebeos que fueron de tu padre, verás qué divertidos son. Y después te contaré un cuento.
   Ya era de noche cuando se despidieron de Teresa y regresaron a su casa. El niño llevaba bajo el brazo un pequeño manojo de antiguas revistas infantiles que la abuela le dio al despedirse con dos sonoros besos. Tomaron el metro y después caminaron unas cuantas travesías por la amplia avenida del barrio donde residían. Dito andaba cabizbajo, inusualmente taciturno y ensimismado.
   —¿Teresa es tu mamá? —preguntó a su madre cuando ésta, más tarde, le ponía el pijama.
   —No, es la madre de papá.
   —¿Y vive sola?
   —Ahora sí, antes vivía con el abuelo.
   —¿Y por qué no vive con nosotros? —insistió el niño.
   —Ella está a gusto en su casa, es mayor y está acostumbrada a sus cosas...
   —Pero aquí estaría mejor... ¿Quieres que yo se lo pida?
   —No, Dito, no molestes a la abuela con tus tonterías. Venga, haz pipí y vete a la cama —ordenó la madre, dando por terminada la conversación.
   El niño captó el desagrado de la madre por el asunto y temeroso de provocar uno de sus enfados se acostó sin rechistar. Pero esa misma noche tomó la decisión: ya no quería la nueva Play; pediría a los Reyes Magos que la abuela fuera a vivir con él.

   En la última semana antes de las vacaciones, se presentó en el colegio nada menos que el paje del Rey Baltasar, para recoger las cartas de los pequeños y comprobar si se habían portado bien durante el año. La maestra lo anunció con solemnidad y les pidió que escribieran la carta a los Reyes con su mejor caligrafía. Dito escribió con esmero: Queridos relles magos mi deseo este año no es la plei es que la abuela teresa benga a bibir con migo. Debajo puso su nombre junto a algo parecido a una rúbrica, cerró el sobre y se lo entregó al paje cuando llegó su turno.
   Sólo unas pocas de aquellas cartas eran recogidas por los padres. La mayoría quedaban guardadas durante un tiempo hasta que, pasadas las fiestas, eran desechadas. Los padres solían saber lo que sus hijos querían sin necesidad de leerlas. Pero no así esta vez en el caso de Dito; el niño no había dicho nada en casa porque deseaba que fuera una sorpresa.

   Llegó el día de Navidad y bajo el árbol apareció la nueva Play. El pequeño abrió el regalo, confuso, hasta que alguien dijo: "Qué bien te habrás portado este año cuando Papá Noel te ha traído ese juguete tan lindo...". Entonces comprendió: "Claro, esto me lo da Papá Noel, que sigue pensando que quiero la Play, a él no le dije nada. Será el día seis cuando los Reyes me concedan mi deseo". Encantado con el equívoco, pasó el día intentando jugar con el artefacto.

   La víspera de Reyes es conocida como "la noche de los casados" en algunos lugares, porque los matrimonios suelen salir a divertirse aprovechando la tregua que se produce en las travesuras de los pequeños. Dito estaba muy excitado pensando que al día siguiente la abuela estaría en la casa, contándole aquellas maravillosas historias que tanto le gustaban. 
   —Acuéstate de una vez y no salgas de tu habitación o los Reyes no te dejarán nada. Entraré a verte cuando vuelva y espero encontrarte bien dormido —ordenó la madre antes de despedirse, dejándole en los labios un sabor extraño y algo picante. Y salió a reunirse con su marido que la aguardaba en el coche frente al portal.
   Dito obedeció. Por nada del mundo quería que su deseo se fuera al traste. La inquietud no lo dejaba dormir. No sabía el tiempo transcurrido cuando el teléfono empezó a sonar. Pensó: “¿Serán los Reyes Magos?”. Pero recordó que no debía levantarse. Cerró los ojos y procuró pensar en otra cosa. Y el teléfono sonaba una y otra vez.
   Debió de quedarse dormido porque lo despertó el ruido de la puerta de su habitación al abrirse. ¡Era la abuela, qué alegría! Los Reyes habían atendido su carta, por fin la tendría con él para siempre. Pero ¿por qué lloraba? Teresa y su nieto se fundieron en un abrazo. La emoción hizo llorar también al pequeño, sin reparar todavía en los dos guardias municipales que, con gesto sombrío, aguardaban en el pasillo.


© Fernando Hidalgo Cutillas - 2016

5 de enero de 2017

123ª noche - ¿Qué fue de la Navidad?



Agentes de la policía judicial localizaron en la tarde de ayer a un grupo organizado que operaba ilícitamente en diversos países. Está formado por la Navidad, que ejercía la prostitución en un centro comercial de la capital, donde fue detenida. Papá Noel, a la puerta del mismo centro, también pasó a disposición del juez con los cargos de intrusismo, falsedad continuada y estafa sentimental. Así como tres individuos llamados Melchor, Gaspar y Baltasar, que operaban de modo similar, interceptados mientras intentaban entrar al país. En todos ellos concurren los agravantes de nocturnidad, acoso a menores y abuso de confianza. Algunos de sus secuaces lograron darse a la fuga.
El juez ha decretado secreto del sumario, no obstante ha trascendido que los detenidos usan documentación falsa y no son quienes dicen ser. La mayor preocupación ahora es saber dónde se encuentran los auténticos Reyes Magos, Navidad y Papá Noel, que se sospecha hayan sido secuestrados hace tiempo o, en el peor de los casos, que fueran eliminados definitivamente.
 
Mañana a mediodía se guardará un minuto de silencio en señal de condena del secuestro y muestra de apoyo a las víctimas, por parte de todas las personas de buena voluntad.

 

© Fernando Hidalgo Cutillas - 2016

4 de enero de 2017

122ª noche - 13, rue del Percebe

Durante bastantes años, la contraportada de la revista juvenil TIO VIVO ofreció semanalmente la conocida página del gran Francisco Ibáñez 13 Rue del Percebe. Aquí os dejo un recopilatorio parcial entre 1967 y 1975.
 
Podéis descargarlo pulsando la imagen.